El  hombre más poderoso que ha existido sobre la tierra es nuestro Señor Jesucristo, aún los mares y los vientos le obedecían. Pero aún Él necesitaba hacer algo básico y fundamental: ORAR.

La Biblia da testimonio de que Jesús no tomó ninguna decisión importante sin antes entregarse a un periodo de oración, como por ejemplo:

  • Antes de comenzar su ministerio, Jesús pasó 40 días en oración y ayunó ene el desierto.
  • Antes de escoger a sus discípulos, Jesús se dedicó a orar para recibir la dirección.
  • Antes de enfrentarse al sufrimiento de la cruz, Jesús oró.

Si Jesús oró entonces nosotros también debemos ser hombres y mujeres de oración.

1. Aprendamos a pedir  y se os dará.

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallareis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7).

Orar es hablar con Dios. Es compartir con Él nuestros problemas, necesidades, planes, metas y logros. También es oírlo a Él, como nos consuela, como nos enseña, como nos guía y como nos da bendición.

Aún antes de abrir nuestra boca para clamar Dios, Él ya sabe lo que le vamos a pedir, entonces tal vez nos preguntemos: ¿por qué es tan importante que le pidamos si Él ya lo sabe? La respuesta es que porque antes de nuestro nacimiento, ya el Señor preparó millones de bendiciones para nuestra vida, solo para recibirlas tenemos que buscarlas en su presencia por medio de la oración.

Si solo somos creyentes y no nos acostumbramos a orar, si solo hemos reconocido que somos pecadores y hemos venido delante del Señor con un corazón arrepentido y hemos reconocido que somos salvos solo  por aceptar el sacrificio de Cristo en la cruz, pero luego no tenemos un tiempo de comunión con nuestro Padre Celestial nos volvemos cristianos débiles.

Pueden ser que vengan momentos de tragedia y de dolor, pero no serán momentos de derrota porque aún en esos momentos malos tenemos la seguridad y la confianza en Dios y podemos acudir a él en oración.

En esos momentos de angustia, tú puedes calmar, tú puedes recibir, tú puedes llamar, pues para la persona que ora la PUERTA DE LA COMUNICACIÓN CON DIOS NUNCA ESTÁ CERRADA.

2. La oración nos lleva más cerca de Dios.

“Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa.

Más tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:5-6).

En este pasaje el Señor no se refiere a que debemos orar a escondidas, a lo que se refiere es a la actitud de cómo oramos.

Para ser un gran hombre o mujer de oración, no se necesita pasar años estudiando, solo se necesita orar de corazón, buscando llegar a la presencia del Señor.

Nada nos acerca más a la presencia del Señor que la oración.