Algunos creen en la idea que entregarle al comprador o consumidor final un buen producto es más que suficiente y que allí termina la tarea del vendedor, pues la realidad es otra, es verdad que el cliente busca un buen producto que le satisfaga sus necesidades pero más allá de eso busca un añadido a su compra, el cliente quiere que el vendedor lo escuche, que atienda a sus gustos y preferencias, quiere una atención personalizada y que la venta y la interacción no termine sólo con la compra del producto, sino que el comprador desea tener una comunicación directa después de la compra.

Los vendedores deberían de preocuparse más por sus clientes, estar atentos a lo que ellos demandan a diario y visitarlos en forma frecuente para estar al tanto de lo que a ellos les gustaría recibir. Mantener un mismo cliente por años le es de gran ventaja para la empresa pues le es más barato mantener un mismo cliente, pues hacer un nuevo cliente le resulta seis veces más caro que mantener uno antiguo, las empresas deberían de invertir más en atender al cliente después que éste a efectuado la compra, para que éste no se vaya fácilmente con la competencia.

En toda empresa debería de existir por lo menos una oficina donde el cliente pueda acudir para expresarse libremente y donde pueda ser escuchado. Hoy en día el cliente no solo quiere un producto de calidad, sino que quiere que éste vaya acompañada de una ardua atención de parte del vendedor, quiere y espera un producto que no solo satisfaga su necesidad, sino que lo complazca y lo convenza mucho más, el cliente quiere comprar un producto que lo una a la empresa y que se identifique con ella, el cliente se quiere sentir que le interesa a la empresa y al vendedor. El cliente no quiere sentirse como un objeto, del cual solo se aprovechan las empresas, sino que quiere sentir que le importa a la empresa y que primero es él antes que todo.

Un producto no lo es todo, pues es más importante percibir que le interesamos a las empresas y que no solo nos quieren vender.