Hablar de precio y calidad en su mayoría es hablar de dos cosas diferentes, pues el hecho de comprar un producto considerado como relativamente caro en algunos casos no es un indicador de calidad. Todos alguna vez hemos vivido la experiencia de comprar un producto considerado como caro, pero ese producto por el que hemos pagado una buena cantidad de dinero no es lo que esperábamos, no nos brinda la satisfacción deseada y no es de la calidad requerida.

También hemos experimentado el hecho de comprar un producto relativamente barato pero que supera las expectativas que teníamos de dicho producto.

Con ambas experiencias damos por fundamentado que no siempre el precio indica la calidad del producto.

Lo ideal sería que desde el momento en que el consumidor paga por el producto, éste pudiera hacerse una idea de la calidad del producto y estar consiente que el precio del producto de reflejará en la calidad percibida.

La relación precio- calidad debería de ser en su mayoría un buen indicador para que el consumidor pueda evaluar antes de efectuar la compra.

Si el precio garantizara la calidad, entonces sin mayor duda el consumidor pagaría el precio del producto.

Si fuera el caso de pagar un bajo precio, el consumidor ya estaría consiente que por el precio que está pagando no puede exigir mucho del producto y debería de estar preparado de sustituir de nuevo ese producto porque pueda que no sea de alta duración.

Y si por el contrario, si se pagara un precio alto, entonces el consumidor debe tener la certeza que el producto que está adquiriendo es de alta calidad, que su duración será alta y que sus sustitución será tardía y a la larga le proporcionará un ahorro al consumidor, porque aunque pagara un precio alto, pero le durará un buen tiempo y se ahorraría mucho dinero en comparación a la compra de un producto de bajo precio que se tendría de estar sustituyendo a corto plazo.

Lo anterior ocurriría si en verdad el precio indicara el nivel de calidad, pero sabemos que en algunos casos esto es sólo en teoría y la realidad suele ser lo contrario.

Cada empresa debería de preocuparse por garantizarle al consumidor un producto con precio relativo a la calidad que dicho producto proporcionará.