Todos más de alguna vez hemos experimentado una situación en la que al ver algo nos recuerda parte de nuestra vida infantil. Ya transcurridos los años, hemos vuelto a ver en el supermercado nuestros dulces preferidos de la infancia y nos ha hacho recordar agradables momentos vividos, pues no solo ha venido a nuestra mente la imagen del producto, sino que nos ha transportado a esa agradable época, nos recuerda dónde los comíamos, con quién los disfrutábamos y dónde los comprábamos. Este pequeño pero real ejemplo nos confirma el papel que juega el Marketing de experiencias  o emocional en nuestras vidas, el cual nos hace recordar parte de nuestras experiencias con algún producto o marca específica, nos hace volver a vivir el momento y nos traslada a otras épocas en donde éramos consumidores directos de ese producto, pero que por diversas razones, tales como la desaparición temporal del producto nos fuimos separando de esa experiencia.

Este tipo de Marketing es de vivencias emocionales de productos y marcas y no solo hace recordar, sino que también vuelve más leales a los clientes en cuanto a los productos.

También nos ha pasado que cuando percibimos  el olor de algún perfume nos hace recordar a una persona especial que usa esa fragancia, ese también es considerado como Marketing emocional o de experiencias, pues viene a nuestra vida el recuerdo de esa persona con solo sentir la fragancia de su preferencia. Es curioso darse cuenta de todo lo que hace el Marketing emocional en la vida de una persona, y esas emociones pueden repercutir en la decisión de compra de esa persona, y hasta los inspira a comprar de nuevo el producto para volver a vivir esos momentos que el Marketing de emociones los ha hecho inolvidables.

Cuando compramos o usamos un producto éste construye en nosotros una experiencia ya sea positiva o negativa, y ya pasados los años, las emociones renacen en cada persona con solo ver el producto y los hace volver a vivir los momentos generados por la experiencia de compra del producto.

El Marketing toca uno de los puntos más débiles de las personas, es decir sus emociones y los persuade para que se vuelvan clientes leales.

Esas emociones pueden hacer que las personas lloren, se rían, griten, se enfaden, se sientan tristes, se sientan satisfechos, entre otras emociones que puedan sentir con solo ver de nuevo un producto.