Creo que a todas las personas nos ha tocado en más de alguna ocasión que cuando vamos al supermercado con la disposición de comprar algún producto, por ejemplo una marca específica de leche y nos damos cuenta que en el supermercado ya se agotó el producto de nuestra preferencia, lo más normal y común que suele ocurrirnos es que optemos por una segunda opción antes de salir sin nada del supermercado.

Aunque puede darse el caso que algunas personas prefieran no comprar otro producto porque le son tan leales a la marca y deciden esperarse hasta que el producto esté de nuevo en el supermercado.

La mayoría de personas ya tenemos una marca tan posicionada en nuestra mente que se ha convertido en nuestra marca selecta o la número uno en nuestra selección de compra, pero casi siempre hay en nuestras mentes una segunda marca que hasta cierto grado sustituye a la primera. Aunque muchas veces la segunda marca no cumpla con el 100% de nuestras expectativas, decidimos llevarla por el simple hecho de evitarnos la tarea de tener que regresar de nuevo al supermercado.

También, puede darse el caso que algunas personas al momento de elegir una segunda opción en cuanto a un producto determinado decidan quedarse para siempre con esa nueva marca debido que al probarla les encantó a tal grado que decidieron desechar la primera marca.

La mayoría de los productos tienen a su lado un competidor tan fuerte y cercano con el cual luchan y pelean a diario para poder ganar clientes. En su mayoría, ese competidor tan cercano suele ser la segunda opción de las personas en su decisión de compra, por ejemplo, cuando las personas no encuentran en el refrigerador una Coca Cola, en su mayoría , sin pensarlo eligen una Pepsi, que hoy en día esta empresa está separada por un pequeño porcentaje del líder de bebidas carbonatadas Coca Cola.

Así como le sucede a Coca Cola, le suele pasar a la mayoría de productos, pues para todas las personas siempre existe  una segunda alternativa a la hora de satisfacer una necesidad.

Ninguna empresa se puede dar el lujo de comunicarles a sus clientes que son los únicos que ofrecen un producto para determinada necesidad, pues los mismos consumidores saben que eso no es cierto, pues de cada producto siempre hay otro y por lo general muchos otros productos que satisfacen una misma necesidad aunque la marca suele ser completamente diferente.